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DE FRENTE - La amante

DE FRENTE - La amante
Por: Oscar Medina Gómez **

He criticado no pocas veces la paquidermia y eficacia de una entidad como el Instituto de Desarrollo Urbano y Rural de Yopal, IDURY, adscrita a la Alcaldía. Entre otros propósitos tiene a su cargo mantener los espacios y zonas públicas de la ciudad bonitos, ordenados, visitables, agradables. También se ocupa de las políticas de vivienda pública para los más pobres, lo mismo que de organizar las zonas de parqueo de automóviles y motocicletas. La sensación que le queda a la ciudadanía es que cada día que pasa el caos -derivado de la falta de autoridad- reina en todas las esquinas de la ciudad. Y que la Vivienda de Interés Público y de Interés Social sigue empantanada. Esto no es de ahora. No lo causó esta administración. Claro. Esto viene de hace años.

No obstante, Alexander Cortés Medina, director del IDURY, tiene y le cabe la plena responsabilidad de meter en cintura no solo a los centenares de negocios arbitrarios, abusivos y despóticos que pululan en Yopal. La mayoría son bebederos de cerveza, bailaderos, ventorrillos de bazuco disfrazados de whiskerías, restaurantes cuchufletes, metederos de putas y busconas baratas que invaden tiránicamente con mesas, sillas y materas los pocos andenes que tenemos. Lo mismo el IDURY tiene que ponerle cara al embellecimiento y ornato de los espacios públicos que, la verdad sea dicha, hoy son en su totalidad indecentes y escabrosos lugares.

Esa metida en cintura debe empezar por sancionar ejemplarmente a todos los propietarios de esos sitios que contaminan la ciudad. Cerrar temporalmente los negocios mientras pagan las multas por invadir zonas que no son de ellos sino de todos. Si no, sellarlos definitivamente. Ahora, es inconcebible que por el mero hecho de pagar unos cuantos pesos al mes por una mesa y unas sillas, se sacrifique la transitabilidad segura de la gente por los andenes. Lo que uno ve a todo momento es a las personas, madres con sus pequeños hijos, ancianos en riesgo caminando por la calle, compitiendo con los carros y las motos. Aquí el IDURY debe pensar más en el bienestar y tranquilidad de la ciudadanía que en los escuálidos recursos que la entidad recibe.

Ahora, conozco de las intenciones del director del IDURY de desplegar una masiva campaña de cultura ciudadana, con el fin de sensibilizar a la gente de que cuide, respete y se apropie positivamente de lo que a todos nos pertenece y a todos nos hace bien. Aunque en este campo muchos recursos invierten -y dilapidan- todas las alcaldías del país, nunca sobra ni esta demás seguir insistiendo en ello. La campaña se llama Deber de Yopal.

Esa campaña tiene varios componentes como, por ejemplo, actividades didácticas callejeras con mimos, saltimbanquis, sanqueros y payasos que interactúan directamente con los transeúntes, corrigiéndoles sus erróneos procedes con los bienes y mobiliario público, y los desacatos que a cada instante cometemos al pasarnos los semáforos en rojo, no cruzar por las cebras, transitar por el asfalto y así. Eso está bien. Algo quedará. Así solo sea la burla y el ridículo público. Seguramente el infractor no lo hará otra vez. Eso, precisamente, es lo que se busca.

Igual hay capacitaciones, talleres y jornadas de sensibilización que se desarrollarán en todas las comunas de la ciudad con la gente. Y, por supuesto, veremos vallas, afiches, plegables, volantes, avisos de prensa, muñecos inflables alusivos a la cultura ciudadana por los espacios públicos. No faltarán las cuñas radiales, dado que el alcance y penetración de la radio es incomparable con otros medios de comunicación.

Todo eso está bien señor Cortés. Siempre y cuando racionalice y sepa usted invertir los recursos públicos que tiene para esa campaña, todo está bien. Sin embargo nada funcionará si la misma gente no interioriza, decide y pone en práctica aquello de que todos tenemos que aportar nuestra cuota de responsabilidad con el asunto. Es que los espacios públicos de Yopal no son del IDURY. Ni del alcalde. Son un patrimonio de 150 mil habitantes. Por lo tanto estamos en la obligación ética y comportamental de respetarlos, de cuidarlos, de protegerlos, de contribuir a mantenerlos bonitos.

Es fácil. Sólo es cuestión, insisto, de actitud y buena vibra con nuestra ciudad. Por ejemplo, ¿por qué diablos dejamos las motocicletas en los andenes y en los parques? ¿Por qué invadimos todos los costados de las calles y avenidas -y los montamos en los andenes- con nuestros vehículos, así sea apenas para hacer una diligencia de minutos? ¿Por qué lanzamos papeles, cáscaras y toda clase de basuras a las zonas verdes? ¿Por qué ubicamos mesas y sillas en los negocios, sobrepasando las que tienen permiso? ¿Por qué al conducir nos pasamos los semáforos en rojo, sin importarnos el lio en el que nos podemos meter? ¿Por qué destruimos escenarios como coliseos y canchas deportivas? ¿Por qué las muy pocas señales de tránsito sembradas en las esquinas son objeto de nuestro vandalismo desmedido?

Hay muchos más por quès. Ellos tienen respuesta. Pues porque no queremos la ciudad. No la gozamos, la usamos, la rumbeamos y luego le pateamos el trasero. Como cuando no se quiere nada con una amante ocasional. Precisamente Yopal tiene que ser nuestra amante permanente. Y a una amante siempre se la tiene bien. Para ella la excelencia. Así que a esa campaña de cultura ciudadana del IDURY toca que le apliquemos el componente más importante para que funcione: nuestro compromiso honesto y sincero. Digo yo.

**Periodista - Especialista en Gobierno Municipal y Gestión Pública Pontificia Universidad Javeriana - Columnista www.prensalibrecasanare.com - El Nuevo Oriente


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