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De Frente - Autoridad

De Frente -  Autoridad
Por Oscar Medina Gómez

Lo mismo que la gran mayoría de las capitales del país –y el país mismo- Yopal es presa de la falta total de autoridad por parte de quienes la han gobernado. Y de quienes la gobiernan. ¡Claro! Nada ni nadie se salva de la pusilanimidad e irresponsabilidad extrema con que han actuado todos los que han obrado como alcaldes y alcaldesas de la capital de Casanare.

Desde luego, la corrupción de alcaldes y alcaldesas el pueblo la condena. Pero finalmente termina conviviendo con esa medusa. Pero lo que definitivamente el pueblo no perdona y la cobra duro, es la falta de autoridad. Es decir, pesa más en la querencia, popularidad y respaldo ciudadano hacia un mandatario la dejadez administrativa, el abandono de la ciudad, la apatía para la solución de problemas urgentes, el miedo para enfrentar lo urgente y la negligencia gubernativa que la misma corrupción.

Aunque la falta de autoridad tiene vasos comunicantes con ella, no voy a denunciar puntualmente esta vez casos de corrupción. Esa corrupción que claramente han “ejercido” nuestros mandatarios. Esos que luego de robar a sus anchas los vemos hoy frescos, tranquilos, altivos con el dinero público que se han embolsillado. Dándose la gran vida en viajes al exterior, en francachelas en sus fincas de recreo, pavoneándose en lujosas camionetas, cenando en costosos restaurantes, lavando el dinero construyendo conjuntos habitacionales para estratos altos, posando de honestos finqueros y ganaderos…Decenas de columnas he escrito sobre eso.

Esta vez me refiero concretamente a que esa falta de autoridad que afecta seriamente al pueblo y su calidad de vida se encuentra por donde uno mire. Y es ahí donde indigna y produce mucha bronca ver la forma en que los gobernantes le toman del pelo, se burlan con sorna en la cara de la gente.

¿No es falta de autoridad que los comerciantes de las calles y avenidas de Yopal se las hayan tomado al imponer a la fuerza conos naranja y cintas amarillas frente a sus negocios? Los hoteleros, el sector bancario y almacenes de todo tipo, desde las 8 de la mañana hasta bien entrada la noche se apoderan del espacio público. No se puede caminar ni menos parquear un auto, porque les pertenece a ellos.

¿No es falta de autoridad que los ladrones de bolsos, los cacos de celulares y bicicletas, los jaladores de motos, los drogadictos, los rompevidrios de autos, los mendigos amenazantes, los atracadores con cuchillo en mano y toda suerte de lumpen se pasee por la ciudad imponiendo su ley contra los desprotegidos ciudadanos? Nunca hemos tenido un alcalde que les capture y les dé su merecido. Menos un comandante de la policía que haga honor al uniforme que viste.

¿No es falta de autoridad que las calles estén saturadas, invadidas de motocicletas y automotores, donde los cuidadores –muchos son venezolanos- se creen dueños y señores de la vía? Nadie les dice algo. ¡Nadie los controla!

¿No es falta de autoridad que los huecos, los inmensos y peligrosos cráteres en las vías sean el pan diario, condenando a la gente a exponer su integridad física y su vida por obra de los accidentes? Obviamente al infortunado ciudadano nadie le paga por el daño en su vehículo ni mucho menos por la atención hospitalaria.

¿No es falta de autoridad que la gente, -sobre todo muchos comerciantes irresponsables- sin que le corra frío ni vergüenza por la piel, bote sus basuras y desperdicios a las esquinas o en los separadores de las vías, cuando quiera y como quiera? Esos no son dignos de que se les llame ciudadanos: son simples habitantes. ¡Nadie les pone tatequieto!

Son más, muchos más los ejemplos en los que vemos que nuestros gobernantes no ejercen autoridad. Sencillo: no tienen carácter. ¡Ni menos las bolas bien puestas! Porque son unos depredadores de lo público preocupados apenas por la comisión del 10, del 12, del 18 por ciento. Por la coima que se robarán del contrato que acaban de firmar. Jamás preocupados ni angustiados por darle calidad de vida y desarrollo a la comunidad.

Es hora de que a Yopal llegue un alcalde del cual el pueblo diga “tenemos un alcalde que se hace respetar, nos hace respetar y hace respetar la ciudad”, “un alcalde del cual nos sentimos orgullosos porque no se deja intimidar por el hampa”, “un alcalde que es respetado por sus subalternos y no es motivo de burlas”, “un alcalde frentero, que le pone la cara y el pecho a los problemas”, “un alcalde que no se deja manipular por sus asesores ni sus secretarios”, “un alcalde que manda, ordena y hace cumplir sus mandatos”, “un alcalde que las tiene bien puestas”.

Repito: aunque es un comportamiento y forma de pensar insensato y perverso, el pueblo termina aceptando a los mandatarios corruptos. Pero no a los peleles, a los tarugos sin autoridad ni firmeza en la toma de decisiones.

Es el momento de ponerle orden a la casa. De amarrarse los pantalones en el puesto. De que el nuevo alcalde que se elija en octubre de 2019 ejerza plenamente y sin miedo el mandato y poder ciudadano que otorga el voto. Llegó el momento de que el alcalde recupere el respeto y la dignidad que desde hace muchos años se han perdido. ¡Autoridad y desarrollo! Digo yo.

*Periodista



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