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De Frente - Silencio sospechoso

De Frente - Silencio sospechoso
Por Oscar Medina Gómez*

Con los precios del barril de crudo Brent – petróleo liviano que se extrae profusamente en el mar del norte y que es la referencia de comercialización para los mercados europeos y para Colombia- los vientos de cambio económico están soplando positivamente para los casanareños y el país en general. Las cuentas han empezada a cuadrar otra vez.

Hoy el barril de Brent se está negociando, en redondo, a 85 dólares, precio que no se veía desde el último trimestre del 2014, cuando empezó la descolgada petrolera mundial. Además, el barril del crudo norteamericano WTI -West Texas Intermediate también ronda los 76 dólares. Y muy seguramente la trepada seguirá.

Como consecuencia de la descolgada en los precios del crudo, llevamos cuatro años de una punzante crisis económica. Crisis que, contrario a otras regiones del país, en Casanare se ha sentido más fuerte en razón a que la economía se mueve mayormente por la dependencia petrolera. Crisis que ha hecho mucho daño a las ya, de por sí, maltratadas arcas departamentales. ¡Es que los corruptos nunca le han dado una tregua al pueblo! Roban proporcionalmente a los presupuestos. Sean gordos o flacos.

Miles de trabajadores fueron despedidos de las empresas petroleras y otras generadoras de puestos de trabajo que, de carambola, dependían del petróleo, creció exponencialmente el desempleo y también creció el rebusque, se clausuraron centenares de pequeños y medianos negocios, se cerraron incontables locales en los centros comerciales –grandes y afamadas plataformas que le apostaron a la región y que siguen dando la pelea por no hundirse-, las cuentas financieras de la gobernación y casi todas las alcaldías están desfinanciadas. Su base para cuadrar caja y emprender programas y proyectos de desarrollo social sigue siendo el petróleo. Esta lista de pesares resume el drama que ha azotado a los casanareños.

Pero como no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista, ahora, con el nuevo decorado del lienzo gracias a la escalada alcista en los precios del petróleo, todo tiene que empezar a cambiar. No se necesita ser un duro analista económico para inferir que la reactivación de la economía ya empezó. Si los precios del barril de crudo están trepados bien arriba –y siguen subiendo- pues a partir de ahí todo es una cadena de buenas noticias.

No sólo para las medianas y muy pocas grandes empresas que tenemos, sino básicamente para ese pequeño y mediano comerciante que con grandes esfuerzos lucha a diario por seguir adelante. Por no dejarse morir. Tenderos, ferreteros, las misceláneas, propietarios de bares y negocios nocturnos, la gente con microempresas de bordados, los droguistas, la señora de la frutería o del almacén de telas y ropa, los restauranteros, los hoteleros…En Casanare todo el comercio y la economía se mueve, mayormente, según el estira y afloje petrolero.

Estas buenas noticias se le deben -lean bien- al presidente norteamericano Donald Trump quien en mayo de este año unilateralmente se retiró del Acuerdo nuclear con Irán, por considerarlo desventajoso económicamente para el país del norte, y por el terrorismo que todos los días exportan los dirigentes religiosos musulmanes iranios.

Como un tsunami con olas de 12 metros de altura, este hecho impactó sin piedad en la economía mundial. Ante la imparable caída de las exportaciones del crudo iraní -el tercer país con mayores reservas probadas después de Venezuela y Arabia Saudita- los mercados se siguen moviendo duro. En abril pasado, cuando estaba vigente el Pacto firmado por Obama, Irán producía más de tres millones diarios de barriles. De hecho, en enero y febrero pasado se rozaron los 4 millones de barriles.

Pero con las sanciones activadas de nuevo por el impredecible Trump al romper el Pacto, el país musulmán va directo a los duros días de 2012, cuando la producción estuvo por debajo de los 2.5 millones de barriles. Sin sanciones, con una mediana estabilidad política y con una producción sostenida Irán produce en promedio cerca del 4% de todo el petróleo del mundo.

Casanare es lo que es por la industria petrolera. Eso no resiste discusión alguna. Ni los arroceros, ni los ganaderos, ni los palmeros –que lo que han hecho es enriquecerse descaradamente sin invertir un sólo dólar en algún programa social o de generación sostenida de empleo-, ni menos el incipiente sector turístico han sido protagonistas del desarrollo que en las últimas tres décadas se ha visto en infraestructura vial y de telecomunicaciones, servicios públicos, expansión de saneamiento básico, crecimiento y mejoramiento urbano, vivienda propia, servicios educativos y de salud, oferta de esparcimiento y otras áreas.

Ahora, lo que me causa extrañeza es por qué la industria petrolera casanareña no ha dicho “esta boca es mía”. Justo cuando está recibiendo precios tan buenos por cada barril que produce. Hay como un silencio sospechoso. Un mutismo incongruente con la realidad bonita y esperanzadora que ha llegado. Es como si a los directivos les conviniera no decir nada. No hacer alharaca con las buenas nuevas petroleras. Que regalazo sería que, engancharan, por decir, una tercera parte de los puestos de trabajo que clausuraron.

Lo mismo pasa con la desprestigiada Cámara de Comercio de Casanare que “lidera” el flácido Carlos Rojas. Un sujeto que desde la presidencia que ostenta hace años, se raja en su gestión. Y que ni siquiera ha sido capaz de convencer a la opinión pública sobre las cuentas y cifras económicas de la nueva sede de la entidad.

Con su algarabía y alegría diciembre está a la vuelta de la esquina. Además de fraternidad y amor en familia, lo que se necesita es dinero para pasar unas navidades y año nuevo placentero. Y como tenemos buenos precios del petróleo, pues el dinero, supone uno, no va a faltar en los bolsillos de los casanareños. Digo yo.

*Periodista


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