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De Frente - Los patriotas arroceros

De Frente - Los patriotas arroceros
Por Oscar Medina Gómez*

Transitar en cualquier tipo de vehículo –sea automóvil, camioneta 4x4, camión, autobús, motocicleta, bicicleta e inclusive de a caballo- entre San Rafael de Guanapalo y el municipio de San Luis de Palenque es, por decir poco, una tortura.

Cuando uno llega a la bifurcación que conduce o conecta a Yopal con ese municipio y con Orocué empieza a darse cuenta en vivo y en directo de la magnitud de la destrucción vial que han causado, mayormente, los intocables comerciantes y negociantes del arroz en Casanare.

Los cráteres gigantescos y profundos huecos en la carretera –algunos de más de medio metro- manchan groseramente este maravilloso paisaje sabanero. Si en verano es difícil transitar, imagínense cómo será en invierno, cuando las bíblicas lluvias llaneras no dan tregua. Traen vida y exotismo de fauna y flora. Claro. Pero de la mano vienen con dramáticos problemas de desplazamiento para los miles de familias asentadas en decenas de veredas del norte, oriente y occidente del departamento.

Este drama vial se está repitiendo hace décadas en prácticamente todas las vías por donde se saca el arroz en tractomulas y camiones de gran tonelaje. Trinidad-San Luis, Pore-San Luis, Yopal-Aguazul-Maní, Yopal-La Chaparrera-Tilodirán-Quebradaseca-El Algarrobo, Yopal-Tauramena…son vías corroídas por el cáncer que produce en ellas la irresponsabilidad y el descaro de los señorones y las señoronas del arroz.

La siembra y producción del arroz secano es una de las practicas más antiguas de la agricultura humana. Pero estoy seguro que ni los hindúes, ni los chinos, tailandeses, vietnamitas, camboyanos, birmanos, filipinos o cualquier campesino del sudeste asiático –ni menos los empresarios del arroz- lo cultive y produzca para que las carreteras que le soportan la comercialización del negocio se destruyan. Y menos que al verlas destrozadas lo único que hagan sea poner contra la pared a sus gobiernos para que las arregle mientras llega la próxima cosecha. Mejor dicho: el gobierno paga lo que yo destruyo y yo me lucro con las ganancias del negocio. ¡Así quien no!

A nivel nacional siempre Casanare ocupa los primeros lugares en la producción anual estacional de arroz paddy verde. Según Fedearroz en 2017 se sembraron, en redondo en 12 municipios, 162 mil hectáreas que produjeron más de 800 mil toneladas del grano. Este 2018 las cifras de siembra y producción del cereal secano serán superiores. Sobreproducción, sobreoferta que genera crisis de bajos precios y altos inventarios del grano, con los consabidos lloriqueos de los arroceros. Que siempre alegan que están quebrados. ¡Jum…vaya uno a saber la verdad!

Pero, aunque la Federación les vive diciendo con insistencia que reduzcan las áreas de siembra, los negociantes arroceros de regiones como Casanare, Meta y el Bajo cauca antioqueño se tapan los oídos y hacen lo contrario. No se explica entonces por qué sabiendo de las consecuencias de su irresponsable comportamiento, lo siguen haciendo.

Volviendo con las destrozadas vías terrestres, los arroceros siguen pasando de agache. Ellos, sin que le que la menor duda a nadie, son altamente responsables del constante e inocultable daño de las carreteras casanareñas.

Los dueños de molinos procesadores del grano sólo piensan en seguir “produciendo dinero como arroz”. Pero no en el bienestar de la región. A Casanare, la tierra donde germina y se produce la semilla que les da ingentes ganancias anuales, no le devuelven ni vierten un peso,

Jamás los ciudadanos hemos visto que la industria arrocera casanareña construya parques reo infantiles, ayude a mantener zonas verdes urbanas, mantenga el ornato en los separadores de las vías urbanas, contribuya con mercados y alimentos para los más pobres, brinde su mano amiga en las duras épocas invernales, sea compasiva con los indigentes, drogadictos y prostitutas que vemos en las calles. O ayude con algún tipo de programa de carácter social para los más desposeídos. Ni una sola campaña de ayuda social y comunitaria impulsan. Los arroceros tienen en mente solo hacer plata. Llenar sus maletas con dinero.

Es claro entonces que la responsabilidad que siempre le han achacado a la industria petrolera de ser la gran responsable de la destrucción de nuestras vías y carreteables, no es cierta del todo. Ahí están metidos de lleno y con toneladas de responsabilidad en sus conciencias los arroceros.

Pasen por la vía a vía a Morichal, donde se ven decenas y decenas de gigantescas tractomulas parqueadas esperando ser cargadas con toneladas de arroz. Y, obviamente, son visibles los miles de huecasos en la carretera, consecuencia del enorme peso de esos vehículos.

De paso, los choferes muleros –que no son más que eso- son responsables también de graves accidentes de tránsito. Se creen dueños de las vías y con sus salvajes monstruos rodantes embisten a quien se les atraviese en el camino.

Ni desde la gobernación y menos de las alcaldías se toman medidas serias para poner en cintura a los industriales descarados del arroz. A esos personajes –que como a los ganaderos les encanta sólo posar de filántropos y patriotas con un whisky y un tabaco en la mano- toca meterlos en cintura. Sentarlos a la mesa. Pero no a comer arroz con mariscos. No. A exigirles que ese metan la mano al dril para reparar nuestras vías. Y a que les duela el departamento y le devuelvan a Casanare alguito de lo que se han embolsillado. Digo Yo.

*Periodista


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