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DE FRENTE - Nadie responde

DE FRENTE - Nadie responde
Por: Oscar Medina Gómez **

En el ruido que están armando algunos políticos oportunistas, alcaldes pantalleros, emisoras comerciales con aires de filantropía, medioambientalistas heroicos, Corporinoquias ineficientes frente –dicen ellos- al inminente apocalipsis de la laguna del Tinije, por culpa de la empresa petrolera Cepcolsa, toca tomar las cosas no solo con protector de oídos sino con pinzas. Hay mucha palabrería altisonante y babas corriendo desjetadamente.

Ubicada entre las veredas La Graciela en Aguazul y Maravare y El Viso, en Maní, en este espejo natural de agua compartido por los dos municipios indudablemente las 215 hectáreas de superficie que tiene El Tinije -área resultante de promediar las cotas de transición en verano e invierno y viceversa- representan una invaluable fábrica hacedora, protectora y abastecedora de vida. Es un estero que alberga una importante bio diversidad de fauna y flora, que nadie contradice en que hay que proteger y preservar para las generaciones venideras.

Altamente diversa, la zona es la casa, el hogar, el refugio de peces, aves, mamíferos, anfibios y reptiles. Allí viven y allí se reproducen. También durante las duras temporadas de verano de los llanos casanareños El Tinije es la reserva clave para abastecer de agua al ganado vacuno, caballos, chigüiros y otros mamíferos que beben de sus costas, evitando así morir de sed.

Sin excusas, el recurso hídrico de la laguna, tanto el visible como el subterráneo, es lo que toca defender aquí de la contaminación, de la afectación que podría traer la exploración y explotación petrolera. O de cualquier otra industria. Patos, garzas, chigüiros, corocoras, dantas, lapas, bagres, tortugas, morrocoyes, zorrillos, osos palmeros, caimanes, cachiris y más animales tienen todo el derecho a seguir viviendo en el hogar que por centurias les ha pertenecido. Están ahí antes, mucho antes de que el más feroz, salvaje y depredador de los animales -el ser humano- llegara a arrasar con todo.

Hasta ahí una cara de la moneda. Veamos la otra. Cepcolsa, la compañía española que actualmente tiene emplazado en la zona un taladro de perforación petrolera -a menos de 200 metros de las costas de la laguna- cuenta con la debida licencia y permisos ambientales expedidos por el Ministerio del Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible. Es decir, en principio creería uno que todo está en regla. Que esa empresa no está abusando ni contraviniendo las leyes colombianas. Que conoce al dedillo su responsabilidad social y la protección y conservación que debe hacer del medio ambiente.

No obstante, en días pasados y ante las protestas ciudadanas de los lugareños, -aupadas por políticos en busca de vitrina y dividendos electorales- la petrolera suspendió sus operaciones en el pozo Chirinola Uno del Bloque Llano 26. Alegó una posible emergencia sanitaria a la que estarían expuestos más de 100 operarios, a quienes los protestantes no les permitieron el ingreso de agua potable y alimentos, ni la evacuación de basuras ni aguas residuales.

La decisión de la petrolera es lógica. Además de la salvaguarda de la vida e integridad física de sus funcionarios, empresarialmente el negocio de las multinacionales petroleras o cualquiera similar es hacer dinero. Esto tengámoslo bien clarito. Y si en procura de ese objetivo, por culpa de manifestantes enfurecidos -repito: azuzados por politiqueros y salvadores medioambientales- se afectan sus intereses, máxime cuando todo está en regla ante las autoridades nacionales, pues más razones existen para parar. Incluso si Cepcolsa toma la decisión de desistir del proyecto sería una decisión entendible. A las patadas, madrazos y amenazas nadie funciona.

Ahora, al expedir la licencia el Ministerio del Medio Ambiente necesariamente tuvo que exigir a Cepcolsa un Estudio de Impacto Ambiental y un Plan de Manejo Ambiental, los que además de estar perfectamente co-relacionados y ser consecuentes el uno del otro, constituyen requisitos innegables del negocio. Deduce uno que los planes de contingencia ante una posible emergencia o accidente que amenace la biodiversidad del Tinije, el manejo de aguas subterráneas, aguas residuales contaminadas y residuos sólidos son aspectos claramente definidos entre el Estado colombiano y la petrolera.

En el mundo entero las actividades de exploración y explotación petrolera causan un serio impacto ambiental. Esa industria utiliza, por ejemplo, enormes cantidades de agua. En Casanare los miles de litros del líquido que se requieren al día para el accionar de los taladros -agua que siempre es tomada de ríos, caños, quebradas, riachuelos y lagunas- entiende uno que están debidamente supervisados, monitoreados por las autoridades ambientales. En este caso por Corporinoquia. ¿Será que la entidad que gobernaba a sus anchas el suspendido y destituido ex-director, sociólogo Héctor Orlando Piragauta Rodríguez, lo hacía? ¿Antes de la llegada de Cepcolsa al Tinije ejercía esta desprestigiada CAR un real control, conservación y respeto medioambiental de esa zona? ¿Qué deterioro presentaba El Tinije por culpa de lugareños y turistas irresponsables? ¿Controla y cuida Corporinoquia como debe ser otros lugares del departamento donde operan casi una treintena de compañías extranjeras?. Umm…tengo dudas.

Así, a rajatabla, 190 metros entre el taladro y la costa de la laguna, parece una distancia muy corta. Pero eso lo sabía el Ministerio al expedir la licencia a Cepcolsa. Por eso es apresurado arrojarle todos los tomates a la multinacional. Lo que toca es revisar no solo la licencia, sino los estudios de impacto y planes de manejo ambiental.

Pero sin acciones de hecho y sin atropellar a nadie. Menos amparándose en el mediático, vendedor y popular tema medioambiental, al que políticos y oportunistas le caen como hienas a la carroña.

En Casanare contamos con entidades serias que pueden contribuir a dejar las cosas en claro. Unitrópico y la Asociación de Becarios de Casanare, ABC, por ejemplo. Corporinoquia no. Por ineficiente. Y ¡pilas!: quienes no debe meter sus garras son los políticos. Ellos las tienen contaminadas de corrupción. Y acabarían con el Tinije y sus seres vivos. Digo yo.

Periodista – Especialista en Gobierno Municipal y Gestión Pública
Pontificia Universidad Javeriana - Columnista El Nuevo oriente – www.prensalibrecasanare.com


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