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El desplante constitucional al Sagrado Corazón de Jesús

El desplante constitucional al Sagrado Corazón de Jesús
Juan Carlos Niño Niño *

El famosísimo Decreto en donde la entonces Alcaldesa de Yopal Luz Marina Cardozo le entrega las llaves de la ciudad a Jesucristo, que trascendió por lo excéntrico a la prensa nacional e internacional, es una prueba fundamental de cómo la Constitución de 1991 cambió de manera determinante la fe católica de los colombianos, para dar paso a una libertad de cultos que incluso vela por los derechos de una minoría que abiertamente profesa su derecho a no creer en Dios (ateos o agnósticos).

A inicios de los noventa, tuve la oportunidad de escuchar un airado discurso de Monseñor Olavio López (Q.E.P.D) en el Colegio Centro Social de la capital departamental, cuando las deliberaciones de la Asamblea Nacional Constituyente planteaba que se derogara el Concordato con El Vaticano (que fue suscrito por el Presidente Rafael Núñez, y en concordancia con la centralista y conservadora Constitución de 1886, aun cuando fue conocida su convivencia con una mujer por fuera del "sacramento matrimonial"), en donde el imponente y altruista jerarca de los casanareños se lamentaba de que eso significaba ni más ni menos que se aboliera la educación religiosa en los colegios, o que por los menos los niños y adolescentes tuvieran el derecho de oponerse a participar en cualquier rito católico.

La preocupación del desparecido líder religioso dio para que de manera "semiclandestina" pusiera a los funcionarios del Vicariato en el parque principal a recolectar firmas para rechazar esa deliberación de los constituyentes, incluida a una bellísima rubia catira, con unos ojos tan grandes y tan azules como el mar, quien me vio con una deliciosa y encantadora recriminación porque me negué de manera tajante a firmar, aunque años más tarde me enteré que la dama después se había alejado bastante de los designios de Dios.

Lo único cierto es que en ese discurso el jerarca sentenció que se venía un desmoronamiento emocional de la niñez y la juventud, al advertir que nada más perjudicial para las nuevas generaciones que una educación con ausencia de Dios, lo que lamentablemente el tiempo le daría la razón, porque sin temor a equivocarme la iglesia católica (como también las distintas vertientes del Protestantismo), con aciertos y tremendos desaciertos, ha sido durante dos milenios el soporte moral y ético de la sociedad, incluida la exigencia diaria a que los estudiantes al formar en la mañana rezaran el Padrenuestro o se organizaran sendas jornadas de confesión con los padres del Vicariato, o como cuando la clásica y severa rectora del Centro Social, Teresita Morales, exigía a las estudiantes tener el dobladillo de la falda por debajo de las rodillas o usar siempre las antiguas enaguas, lo que sin duda formaba principios y valores en el subconsciente.

En contraste, una coincidencia me hizo leer recientemente un grupo de WhatsApp de un profesor con sus alumnas de uno de los colegios "laicos" más reconocidos del Departamento, en donde para mi sorpresa el joven docente se les insinuaba sexualmente con chistes verdes y metáforas de doble sentido. Al indagar aterrado esa situación a las muchachas de esa institución, me contestaron con toda naturalidad que ese tipo de acoso era muy común, sin querer decir obviamente que fuera una actitud de la mayoría de profesores, y que lamentablemente muchas jóvenes terminaban accediendo por necesidad (un aspecto que se debió hablar abiertamente en el pasado paro de maestros).

En ningún momento estoy respaldando el famoso decreto de la Alcaldesa, porque incluso éste caería no sólo en una figura macondiana sino además en severos vicios de ilegalidad porque Colombia hace casi tres décadas dejó de tener "la consagración al sagrado corazón de Jesus", pero si me sorprende sobremanera que poner ahora a Dios como cosa pública, ocasione tanto escándalo porque seguramente nos las tiramos de muy "racionalistas" y se nos da en este momento por defender a ultranza el derecho al "desarrollo de la libre personalidad".

Coletilla: Creo que Monseñor Olavio López tenía la razón... cuánta falta hacen las monjas rígidas que cuidaban a las muchachas de nuestras alborotadas hormonas de adolescentes... A la hora de la verdad... fue una mala idea ese desplante constitucional al Sagrado Corazón de Jesús... extraño el "deber ser" y me aterra el ahora "relájese y disfrute" de nuestro liberal Estado Social de Derecho.

Una pregunta: Es tabú actualmente hablar de Dios, como en el pasado lo fue hablar de sexo?

El desplante constitucional al Sagrado Corazón de Jesús* Especialista Gobierno y gestión pública territoriales, Pontificia Universidad Javeriana.









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